Teatro Santa Anna sala

Raúl Sinencio Chávez

Junto al escudo y la bandera de México, cimenta nuestros símbolos patrios el Himno Nacional. Este último, curiosamente, aparece marcado por circunstancias que resultan paradójicas en un país con hondas raíces nacionalistas. Tanto, que las de su estreno bastan para llevarnos de sorpresa en sorpresa.

IMPORTANCIA

Rescatado del exilio por los conservadores, vuelto Alteza Serenísima gobierna en forma postrera y despótica Antonio López de Santa Anna. Su máxima hazaña –conseguir en Tampico la capitulación de los reconquistadores hispanos—estaba próxima al XXV aniversario. Ensalzándolo, a través del flamante Ministerio de Fomento las propias autoridades convocan el sábado 12 de noviembre de 1853 a componer el Himno Nacional. Ganan los versos con que participa Francisco González Bocanegra, hijo de rancios españoles.

Aunque parezca increíble, todavía pendiente la segunda fase del certamen –relativa a la partitura–, el texto escogido se entona por vez primera el miércoles 17 de mayo de 1854 en la metrópoli capitalina. Al evento sirve el Gran Teatro Santa Anna de sede. En vía de mientras lo musicaliza Giovanni Bottesini. Le presta voz Enriqueta Sontag, cantante de ópera y también extranjera.

Tiene aquello cierto toque de tragedia romántica. Porque víctima del cólera morbus el posterior sábado 17 de junio fallece la prusiana Sontag, condesa de Rossi. “Dejó de existir […] a las tres de la tarde. […] Enriqueta parecía que dormía”, indica Manuel Payno en larga nota biográfica. Amigo de ella y desafecto al santannismo, el novelista de fuste jamás menciona la magna función del 17 de mayo. Prefiere evadir por lo visto el tema implícito, restándole importancia.

NÚMEROS

En la parte correspondiente del concurso toman parte renombrados compositores domésticos. Sin embargo, se adjudica el triunfo al catalán Jaime Nunó Roca, que Santa Anna había traído de Cuba, asignándole espléndido salario. Cual si fuera contraseña secreta, concursa don Jaime con el pseudónimo “Dios y Libertad”, en la época lema gubernamental.

Listos por fin letra y acordes, deciden presentar la obra el viernes 15 de septiembre de 1854, al conmemorarse el Grito independentista que diera Miguel Hidalgo en Dolores, Guanajuato. Bajo la batuta de Bottesini, interpreta coro y estrofas la Compañía de Ópera Italiana, de René Masson, en que descuella la soprano Claudina Fiorentini. De nueva cuenta los mexicanos brillan por su ausencia en la escena artística.

Con dicha pieza iba a comenzar el programa. Acaba de improviso en segundo término. Motiva esto Su Alteza Serenísima, que “no asistió a la fiesta” para lisonjearlo, dizque “por hallarse indispuesto”, aseguran fuentes periodísticas. Al día siguiente, sábado 16 de septiembre, se repiten los números en presencia del controvertido mandatario, informándolo el Diario Oficial, que calla respecto al desaire ocurrido la víspera. El caudillo prefiere Semíramis, obertura de Joaquín Rossini, apunta Leopoldo Zamora Plowes.

Himno Nacional portada

OLVIDO

Todo acontece en instalaciones del hoy desaparecido Teatro Santa Anna, Merced a los precios en taquilla, sólo asisten clases pudientes. Excluidos palcos, lunetas y plateas, hasta los modestos asientos de 5 reales escapan a las posibilidades del pueblo.

Al menos González Bocanegra nunca recibe el premio ofrecido por los convocantes. Incluso manda él mismo imprimir sus galardonadas rimas. El decreto que autoriza el Himno Nacional tampoco aparece entonces. Ante la Revolución de Ayutla, en medio del escándalo y desprestigio huye el “Héroe de Tampico” once meses después.

Debido a tales antecedentes, nada extraña que décadas adelante careciera de arraigo el referido canto. Lo rescata del olvido la dictadura porfiriana, suprimiéndole las estrofas que hablan de Agustín de Iturbide y de Santa Anna. Es reconocido de modo oficial en 1942, durante el sexenio del presidente Manuel Ávila Camacho.

Antonio L de Santa Anna

Arriba: Interior del Teatro Santa Anna.

En medio: Antigua portada del Himno Nacional.

Abajo: Antonio López de Santa Anna.

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