Tomiyauh J Yapur

Raúl Sinencio Chávez

Casa de la Cultura, Tampico, Tamps., 17 de abril de 2017.

Audaces embarcaciones construyen los fenicios. Ensanchan horizontes con ellas, dándole al Occidente en ciernes semillas de civilización desde el Líbano antiguo. Don Juan Yapur Elías y doña Sdagía Sherife de allá zarpan mucho después. Igual acaso que ancestros remotos, tras arduas travesías alcanzan el flanco opuesto del orbe. Escasos de equipaje, desembarcan sobrados de anhelos y, como movidos por designios insondables, de todos los sitios posibles escogen procrear en suelo mexicano a su descendiente postrero.

MATICES

El maestro Jorge Yapur Sherife nace el 18 de abril de 1937 a orillas del Pánuco. Justo por este río, al cabo de inmemoriales navegaciones habrían venido los huastecos, de raíces asimismo milenarias. Deliciosos ceramistas, orfebres de conchas y caracoles, diestros con el cincel de piedra, en linderos mesoamericanos levantan ciudades que pulen hasta parecer de plata. Según Tezozómoc “vasallos del sol”, los huastecos esbozan tempranos apogeos en umbrales contemporáneos a las bases fenicias de nuestro alfabeto.

       Jorge toma conciencia del pasado consanguíneo y del pasado de su entorno. Integrándolos, sabe obtener certezas e impulso. A las puertas tamaulipecas del trópico de Cáncer, un día se le revela algo decisivo. El arte sería lo suyo. O sea, precisamente en cuanto significa crear visiones propias e interpretativas de lo real o imaginado, con originalidad estética y belleza universal.

       Al margen de propósitos utilitarios, el maestro desarrolla visiones mágicas, cautivantes, que celebran la vida. Para compartirlas, escoge la plástica. Lenguaje por antonomasia promisorio, Yapur le arranca bondades reservadas al talento que decanta el aprendizaje intenso, autodidacta casi. Técnicas y consistencia intelectual, por lo demás, así hacen mancuerna.

       Con sello de alquimista plástico, Jorge va y viene del caballete a los murales. En secuencia de estilos, madura el Huastequismo, eximia propuesta estética, que considerarían rulfiana. Nunca falto de tesis respecto del asunto elegido, depura una narrativa pictórica afincada en trazos de luz que despliegan la forma, imprimiéndole perspectiva y volumen a partir de gamas cromáticas, si bien contenidas, también certeras. Bastándole incluso los matices que le procura un solo color, nos entrega resultados de axiomático genio.

J Yapur Univ Sevilla

EDAD

Su prosa escultórica adapta y desdobla estas pautas. Alentándolas el Huastequismo, las piezas recrean con bríos renacentistas los fundamentos estéticos de quienes otrora poblaron la región que versos prehispánicos llaman “de la lluvia y de la niebla”. El maestro evita, sin embargo, la réplica arqueológica o folcloroide. Por lo contrario, las esculturas insinúan en movimiento escenas que transmiten la majestuosidad y el orgullo étnico impuesto por los hijos pródigos de Ixcuinan-Tlazoltéotl, la Madre Tierra.

Sólo la crítica del tiempo quizás equilibre tanto contundencia y sobriedad, rigor y esclarecimiento. Jorge lo prevé. Cabe apuntarlo, pues varios lustros han transcurrido desde que en 1992 visitara Sevilla, antaño colonia fenicia de Hispalis. Invitado a la magna exposición con que entonces diversos países conmemoran el V Centenario del Encuentro de Ambos Mundos, exhibe ahí cuadros de gran autenticidad, saldos de procesos implacables.

Europeos, angloamericanos, el Instituto Nacional de Bellas Artes, Fanny Rabel, universidades locales o foráneas, Antonio Skármeta, colegas, funcionarios y amigos terminan reconociéndolo en distintos momentos. Los motivos pueden constatarse ante obras con que él transita airoso por varios periodos, aun los ya próximos al medio siglo. Porque, exentas de caducidad, dichas realizaciones conservan intacta la frescura de su fuerza expresiva.

Mañana, 18 de abril de 2017, el maestro Jorge Yapur Sherife hubiera cumplido 80 años de edad. Antes de ausentarse en definitiva, encuentra por fortuna la manera de permanecer entre nosotros. Tengo para mí que mientras escucha hoy nuestras palabras, retoca alguna pintura suya, perfeccionándola. O tal vez moldea figuras alucinantes y canta ‘O sole mio. En todo caso, estoy seguro de que sonríe.

Sepia VI J Yapur

Arriba: Tomiyauh, nuestra linda flor de maíz / Jorge Yapur.

En medio: Jorge Yapur, derecha, con Juan Ramón Medina Precioso, rector de la Universidad de Sevilla, 1992.

Abajo: Sepia VI / Jorge Yapur.

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