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Raúl Sinencio Chávez

Hay repique de campanas y vítores populares en Soto la Marina. La villa de la provincia de Nuevo Santander, hoy Tamaulipas, recibe a Xavier Mina. El intrépido navarro desembarca en playas cercanas días atrás, el 11 de abril de 1817. Trae consigo a 500 combatientes de varias nacionalidades, resueltos a fortalecer la insurgencia. Con ellos llega fray Servando Teresa de Mier. Prototipo del rebelde instruido, sin permiso viste la túnica cardenalicia en forma retadora.

CONVENIO

Mina luego marcha al interior del virreinato. Allá hace mancuerna con fuerzas que luchan por la independencia patria. Si bien fugaz, porque lo fusilan, desarrolla brillante campaña que pone en jaque al viejo régimen opresor.

Antes de partir, don Xavier construye en Soto la Marina improvisada fortaleza. A orillas del otrora llamado río de las Palmas, asume el mando de ella José Sardá, valiente estratega nacido en Cataluña. Permanece también el regiomontano Mier, dominico que concurre a la parroquia local y despliega criterios desafiantes.

La villa novosantanderina resiente el ataque del coronel realista Joaquín Arredondo en junio, al mando de mil 600 huestes. Desde el precario baluarte Sardá y fray Servando lo mantienen a raya días enteros, con menos de 40 defensores. Ofreciéndoseles garantías, estos últimos capitulan. Al margen del pundonor castrense, Arredondo incumple el respectivo convenio por escrito y los insurrectos son remitidos a diversas mazmorras.

FALTAS

En la cuerda de prisioneros va el fraile nuevoleonés. Aunque quincuagenario, lo someten a tratos inhumanos. “Me pusieron un par de grillos” –lamenta–, “pasando largo rato en la plaza de cada lugar expuesto a la vergüenza pública”. Más todavía, por instrucciones superiores buscan maquinarle tremendos cargos. Al efecto aprovechan lo ocurrido en la ahora municipalidad tamaulipeca.

Movido por turbios fines, interviene el cabildo eclesiástico de Monterrey, NL. Sobre el particular, comisiona al bachiller Joaquín Guzmán, párroco de Cruillas, vecindario próximo a los sucesos. Nutridas de bajezas, las pesquisas sumarias imputan que el misionero pronunciaba “muchas palabras [indebidas] del introito de la misa u omitía [pasajes enteros], haciendo parte de las ceremonias [litúrgicas algunos preceptos] de la iglesia griega”, es decir ortodoxa, exponiéndolo al castigo en virtud de prevalecer la intolerancia religiosa.

Atiza la hoguera Manuel Marín de Palma Sola, cura interino de Soto la Marina. Como testigo de cargo, a Mier lo acusa de frases “contra nuestro amadísimo soberano” Fernando VII y de insistir en “que sólo intentaba quitar el yugo de la España”. Manuel Payno reflexionaría: “Este era pues el delito verdadero y todos los demás no eran más que faltas supuestas”.

ASAMBLEA

En su momento –reporta de primera mano William Davis Robinson–, la columna expedicionaria “fue recibida por el cura [de Soto la Marina], que la acogió con los brazos abiertos”. El convenenciero Marín omite tan reciente acontecimiento. Declara en cambio: “El padre Servando […] me exigía que celebrara [misa] con aguardiente de Castilla […] que Jesucristo la noche de la cena lo había hecho así”.

Según técnicas de Castilla, a corta distancia Nuevo Santander destila exquisito aguardiente. Obtenido de magueyes autóctonos, que abundan en la zona, el de San Carlos destaca. El virrey Javier Venegas en septiembre de 1812 autoriza la fábrica y el libre uso del “vino mezcal”.

A raíz del pacto de capitulación que pisotea Arredondo, pasa grandes penalidades fray Servando Teresa de Mier. Imaginen “ustedes lo que habré sufrido […] en una edad avanzada”, señala. Libre tras independizarnos, Agustín de Iturbide lo aprehende de nueva cuenta. Miembro de la primera y segunda asamblea constituyente del país, este indoblegable personaje contribuye a poner los cimientos de la República Mexicana.

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Arriba: Fray Servando Teresa de Mier.

Abajo: Candado y esposas de la época.

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